Honduras amanece con nuevo presidente y muchas preguntas en el aire

El nuevo mandatario prometió luchar "de frente" contra la inseguridad, uno de los principales problemas de este país, azotado por las pandillas.

Nasry Asfura ya tomó posesión y lo hizo dejando claro por dónde va su camino: mano dura contra la inseguridad y una relación muy cercana con Estados Unidos. En una ceremonia sobria en el Congreso, el exalcalde y empresario prometió “ir de frente” contra el crimen y gobernar bajo la Constitución, mientras el país lo observa con expectativa… y desconfianza.

Su llegada al poder no es menor. Ocurre después de cuatro años de un gobierno de izquierda y en medio de un giro regional hacia la derecha, lo que convierte a Asfura en un aliado clave de Washington. No es casual: Honduras depende en gran parte de Estados Unidos, tanto por las remesas que envían dos millones de migrantes como por la ayuda internacional que siempre pende de un hilo.

Pero el arranque no fue sencillo. Asfura ganó por un margen mínimo tras una elección tensa, con denuncias de fraude y semanas de recuento de votos. Aun así, ya comenzó a mover fichas: viajó a Estados Unidos, se reunió con altos funcionarios y también hizo escala en Israel, marcando el tono de su política exterior.

Con solo 49 de 128 diputados en el Congreso, el nuevo presidente tendrá que negociar cada paso. Y mientras promete orden y seguridad, Honduras —uno de los países más pobres y violentos de la región— espera respuestas rápidas. Porque el juramento ya pasó; ahora viene la parte difícil.

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