Venezuela despliega tropas y misiles rusos ante ante amenazas de operaciones terrestres de Estados Unidos

Las estrategias combinan guerra de guerrillas, movilización civil y medidas de disuasión política

El gobierno de Nicolás Maduro ha comenzado a movilizar armamento y tropas en todo el país como parte de un plan de defensa ante una eventual ofensiva de Estados Unidos. De acuerdo con documentos militares y fuentes consultadas por Reuters, Venezuela se prepara para una “resistencia prolongada” y una posible guerra de tipo guerrillero, ante la superioridad del ejército estadounidense.

¿Qué tipo de armamento está utilizando Venezuela?

Fuentes cercanas al ejército venezolano confirmaron que el país está utilizando equipo ruso con décadas de antigüedad, incluyendo:

  • Helicópteros
  • Tanques
  • Misiles portátiles Igla-S, diseñados para derribar aeronaves a baja altura

Maduro aseguró en octubre que Venezuela cuenta con más de 5 mil misiles Igla-S, distribuidos en todo el territorio nacional. Según dijo, estos sistemas portátiles y sus operadores están desplegados “hasta en la última montaña y el último pueblo del país”.

Rusia, por su parte, anunció su disposición a modernizar los sistemas de radar, reparar los cazas Sukhoi y entregar nuevos equipos si el gobierno venezolano lo solicita. Sin embargo, los analistas señalan que gran parte del arsenal está obsoleto frente a las capacidades estadounidenses, que incluyen bombarderos B-2 y sistemas de guerra electrónica de última generación.

Las dos estrategias de defensa del gobierno

Los documentos consultados revelan dos líneas principales de acción:

  1. “Resistencia prolongada” o guerra de guerrillas. Consiste en dividir al ejército en pequeñas unidades que operarían desde unas 280 ubicaciones del país, realizando actos de sabotaje, emboscadas y tácticas irregulares para desgastar a las fuerzas invasoras.
  • “Anarquización” o desorden interno. Esta estrategia busca movilizar a simpatizantes armados del partido gobernante para generar caos en las calles, especialmente en Caracas, con el objetivo de volver ingobernable el territorio ante una ocupación extranjera.

Ambas tácticas, según las fuentes, serían complementarias, aunque reconocen que tienen pocas probabilidades de éxito frente a una ofensiva convencional.

Condiciones del ejército venezolano

El ejército de Venezuela enfrenta carencias de personal, bajos salarios y deterioro del equipo. Los soldados rasos perciben unos 100 dólares mensuales, frente a una canasta básica que supera los 500 dólares, según datos del Centro de Documentación y Análisis Social.

Fuentes internas aseguran que algunos comandantes deben negociar con productores locales de alimentos para mantener a sus tropas, debido a la falta de suministros. Esta situación ha generado preocupación por posibles deserciones en caso de un conflicto.

Maduro, sin embargo, mantiene la lealtad de gran parte del alto mando militar, siguiendo el modelo de Hugo Chávez, al integrar a oficiales en ministerios y empresas estatales.

Participación civil y milicias

El presidente venezolano ha afirmado que ocho millones de civiles se entrenan como milicianos para defender al país. No obstante, fuentes consultadas estiman que solo entre 5 mil y 7 mil personas participarían activamente en un escenario de resistencia o anarquía, incluyendo miembros de inteligencia, milicianos y simpatizantes armados.

El plan contempla el despliegue de unos 60 mil soldados del Ejército y la Guardia Nacional para operaciones irregulares. Documentos militares entre 2012 y 2022 muestran que la doctrina de defensa venezolana ha estado enfocada durante años en prepararse para “agresiones imperialistas”.

El mensaje de Maduro y las tensiones con Estados Unidos

El presidente de EEUU, Donald Trump, insinuó la posibilidad de operaciones terrestres en Venezuela, aunque luego negó tener planes inmediatos. Maduro respondió que su gobierno y las fuerzas armadas resistirán cualquier intento de derrocamiento.

En medios estatales, funcionarios como Diosdado Cabello han usado mensajes simbólicos para transmitir que el país no se rendirá. Analistas interpretan estas declaraciones como una estrategia de disuasión, destinada a mostrar que una invasión podría desatar violencia e inestabilidad dentro del país.

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